lunes, 28 de marzo de 2016




THE TENNESSEE WALTZ

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Hace ya muchos años, una noche de verano al son de este Vals de Tennessee bailaba yo con mi darling en el África Ceutí. Un lugar encantador donde las escalinatas se sucedían entre enredaderas y guirnaldas, aromado por el perfume salado que llegaba de las playas del Chorrillo y la Ribera.

Pues en ésas estábamos cuando apareció por allí, de puro azar, un viejo amigo que nada más vernos se acercó. Como es natural, le presenté a mi darling y al poco rato después de unos recuerdos y unos chascarrillos se puso a bailar con ella.

Yo los veía desde una prudente distancia y mi darling se reía y se reía echando la melena hacia atrás, presa de esa risa nerviosa que le entra a algunas mujeres cuando notan que se encuentran maravillosamente a gusto.

Y ésta es de forma muy resumida lo que dio de sí el precioso vals de Tennessee pues nada más terminarlo y habiendo pedido yo en la barra un whisky con hielo, cuando regresé ya no les volví a ver el pelo.

Con lo que a mí me hubiera gustado decirle... Ayer, cuando clareaba, soñé que besaba tus párpados cerrados para que dejaran de temblar. Fue nada más decirte al oído que si fueras más bonita no te podría mirar porque... ¿cómo se mira un sol sin nada con que protegerte? ¿y una luna con el alma desnuda ante tanta ternura?

Pero todo fue en vano. Búho, que así se llama mi amigo, reconoció su error y como penitencia me dijo que estaría dispuesto a cantar conmigo ése Vals de Tennessee, para purgar sus culpas. Y eso hicimos, pero de mi darling ya nunca más se supo. Yo es que soy así, cuando tomo una decisión... soy duro como el pedernal y casi como el diamante.

De la canción nos hicimos un vídeo mientras cantábamos ese Vals de Tennessee. Ah, yo soy el de las gafas, que no haya malentendidos.





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