miércoles, 27 de julio de 2016



ME HICISTE CANTAR, PERO FUE SIN QUERER

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Dicen los que saben del amor, que nunca habrá lugar con mayor carga emotiva que una estación de trenes tras una despedida, con sus andenes mojados tras una lluvia repentina.

Una estación de trenes donde una mujer elegante, hasta la obscenidad, espera. Pero de pronto... el pitido del tren que grita, el pitido de ese tren que anuncia la partida, y él que ya no vendrá. 

Y no vendrá porque lejos de allí, en su pequeña barca, cruza la bahía sin dejar de decirse... Aquí me tienes cantando aunque las noticias no hayan sido buenas, aquí me tienes cantando la única canción que aprendí. En el acantilado, aquí me tienes pensando en la tarde que fuimos a dar un paseo en bici y ellas, abrazadas, se dijeron más cosas que las que nosotros dijimos.

Aquí me tienes deseando no haberte conocido nunca porque quisiera empezar de nuevo, pues jamás habrá en mi pensamiento nada tan bello que cuando, yo sin saberlo, ya te me habías colado dentro.



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