martes, 16 de agosto de 2016



PALABRAS PARA UN VÍDEO DE MUJERES 

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Me descoloca el olor de tu cuerpo abrumado por esas copas de madrugada, que quedaron varadas en la arena de tu playa

Me fascina el aroma de tu piel desnuda, empapada de olas, de algas y espuma, ahora que se fue a dormir tan despacio la luna. Pero también tu blanco vestido libélula, como la flor roja prendida en tu pelo, y tu boca mecida en el amanecer de un beso. 

Me enloquecen esos tus juegos, los amorosos, sobre los ombligos redondos, con deseos tal vez frenados por llevar los ojos vendados, pero todavía más el tacto insonoro sobre el teclado de la rosa muda, envuelta en una sonata con lazos de ternura.

Esa mujer que de niña aprendió ballet, se disfraza ahora con sus zapatillas rojas entre recuerdos y añoranzas. Me gustaba verte con sólo tus tejanos vestida, quizás porque hubo un tiempo en el que gocé con esa fantasía.

En la cálida paleta de tu cadera de pintor, quise inventar una vez el más perfecto de los colores pardos de ese otoño tuyo tan esperado. 

Decúbito prono, la insultante elevación de la copa se mantiene tan firme y tan equilibrada como el mejor ejemplo de las leyes de la estática.

A veces me miras de una forma que parece que lo hagas con descaro y también... con su poquito de traición. 

En la campana de tu amplia falda, tus piernas parecen los badajos del sonido más sutil y divino. 

Una vez un nicaragüense exclamó: Margarita está linda la mar y el viento... no parece que las eche a volar.

Con la cabeza echada hacia atrás y expeliendo el humo hacia arriba pareces una Ava Gardner de Mogambos tropicales y Noches de una iguana salpicada de licores y sentires especiales. 

Me gustan más blancas o negras que de ningún otro color, quizás tenga la culpa aquella afición que le tuve siempre al ajedrez. 

Paso del Dom Perignon porque prefiero del Duero su ambrosía, así como según qué clase de simetrías. Una vez me equivoqué y aunque puse la sal en mi boca con denodada pasión, mordí luego tu espalda en vez de morder el limón ¡Qué sabrán lo que se estila esos de las tierras de Mexicó!

Huellas de tacones de aguja ¿amor, pasión o lujuria? Quizás la prisa, quién sabe si el desenfreno, el éxtasis, el embeleso y las hebras de ese pelo que tratan de callar, sin quererlo, tu descabello.

Me gusta cuando te disfrazas de pirata o de aquella apache Cara de luna, pero me agradan también las amanuenses del medioevo, con su pluma plena de imaginación y de ingenio. 

Jamás habrá un silencio más dulce y hermoso que el que se produce, cuando me mandan callar tus carnosos labios azules.



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