martes, 11 de octubre de 2016



POR UNA CABEZA. TANGO

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Este excelente tango llegó a mis oídos, a pesar de cantarlo en su día Gardel, hace relativamente poco. Quizás no son más de 20 o 30 años.

La música me resulta preciosa y el sentido alegórico de la letra me entusiasma al dejar abierto todo un mundo de sinsabores, metejones (enamoramientos carnales) ocasiones perdidas, pingos del nueve y medio y también satisfacciones.

Empieza hablando de un potro que justo al llegar a la meta, creyéndose ya ganador, aflojó su exigencia y al regresar a las cuadras, decepcionado, nos avisó que jamás hay que perder de vista esa meta hasta no lograr morderla. 

La meta eran como sus ojos, me dijo una vez tío Alberto, que en las distancias cortas, menos aún de una cabeza, es cuando son más peligrosos. Por eso se reafirmó diciéndome que nunca más perdería la cabeza por ella, ni volvería a sentir sus latidos, a no ser... que la volviera a ver con aquel bonito vestido y el peinado ocultando sus ojos en una noche de estío.





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