domingo, 13 de noviembre de 2016




MARIANNE ERA NORUEGA, LEONARD DE CANADÁ. YA NO VA MÁS.

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Érase que se era, allá por el 1960, en la isla griega de Hydra. Una isla a la que acudían artistas expatriados entre los que se encontraban algunos que huían hasta de ellos mismos. Pero los que nos interesan son una pareja noruega formada por un escritor y una pintora, y un poeta judío venido del Canadá.

Sucedió que, un día, el escritor desapareció de la isla llevándose en su equipaje una sonrisa rubia que era también como la de su mujer, pero que tenía un rictus que le agradaba más. Entonces Leonard, el poeta canadiense, viendo que Marianne, que así se llamaba la pintora noruega, se había quedado sin nadie a quien por las noches contar las pestañas, él le mostró las suyas.

Transcurrió el tiempo y como sus dedicaciones no daban para pagar ni la luz ni el teléfono, decidieron irse a Nueva York a un hotel donde había gente más surrealista que en Hydra, pero también con más polución, tráfico y artistas.

Y siguió pasando el tiempo hasta que una tarde cuando después de unos felicísimos días, su relación andaba desvencijándose, él se dio cuenta que cuánto razón había tenido aquella madrugada con el verso que escribió...

A veces en el amor aparece una grieta por donde entra la luz

Entonces quiso componerle una canción, que en principio se llamó Come on Marianne que ella interpretó como... Vamos, mujer, intentémoslo de nuevo, pero que al final quedó en un solo So long Marianne que era un hasta pronto envuelto en un adiós.

Hace unos meses que murió Marianne pero años antes le había dicho a unos amigos que nunca conoció a una persona más honesta que Leo y que le encantaba, hasta donde ni él mismo lo podía imaginar, que una canción suya llevase su nombre.

Y luego hay quien dice que la elegancia y el savoir faire jamás podrían ser elementos de una historia de desamor. Maravillosa Marianne. La pobre... después de dos dejadas en ese partido de tenis que le echaron, seguro que pensó como si fuera Sabina 

Antes de que me quieras como se quiere a un gato, me marcho con cualquiera que se parezca a ti.

La canción preciosa y de Marianne... más de uno seguro que se vuelve a enamorar al escuchar de nuevo su nombre. 

Cohen también nos dejó este fin de semana. Hay quien dice que su subconsciente no pudo resistirlo y que además se había quedado algo corto de imaginación y ternura el día en que le escribió aquella postrera carta.
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El último que apague la luz. Cada vez vamos quedando menos.








5 comentarios:

  1. Me gustó lo que escribiste,
    Cada vez van quedando menos, se nos van yendo los mejores.
    Un abrazo

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  2. Gracias, Tracy. Así es, hay gente que se va que habría que tenerlas sentadas en su silla para que jamás se fueran.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Una canción preciosa, con un poso triste.
      Me ha gustado el texto.

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  4. Gracias, Raquel. Cada vez son más tristes las canciones de amor - decía Sabina.

    Y cada vez son más bellas las de desamor.

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