miércoles, 14 de diciembre de 2016




SARABARAS

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Palíndroma de nombre y apellido, porque se le antoja y puede, por eso es más grande su arte que la luna que alumbra en su pasillo. Una chimenea en medio del salón porque le ha dicho el invierno que ya viene soplando un ciclón. Un ciclón que baila y se quiebra, y una silueta que sonríe y luego se pone seria. 

Repiquetean sus piececitos que hacen temblar las armónicas maderas, el pelo negro, estirado, la boca hermosa y unos ojos que intimidan cuando serios, como dos navajas, te miran.

Nacida en Cádiz con ese arte gaditano. La enseñó a bailar Concha Baras, su madre, que tocaba el piano y,  encima, profesora de baile. Para que luego digan que se necesitan las musas para crear tanto arte, cuando se sabe que solo hacen falta, una hija y una madre.



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