martes, 28 de febrero de 2017



MAI TI LASCERÒ

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Aquella noche decidieron ponerse frente a frente, mirándose a los ojos para aclarar esas pequeñas dudas que no acababan de desaparecer.

Ella le hablaba amable y sonriente, y él la escuchaba serio pero más atento que atentos se ponen los búhos. Entonces ella le dijo...

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Hay gente que ha tenido en su vida miles de cosas, incluso a la vez lo mejor y lo peor de este mundo. Y yo, que te tengo solo a ti, no te dejaré, ni jamás te perderé por buscar nuevas aventuras.
También hay gente que ama miles de cosas y que se pierden por las calles del mundo. Yo, que te amo solo a ti, aquí me quedaré, a tu lado, para regalarte todo lo que queda del resto de mi vida.

Entonces le tocó el turno a él, y le dijo más o menos lo mismo con ligeras diferencias. Al principio se puso serio pero luego estuvo más sonriente. Y es que viendo aquella conjunción de ideas y pensamientos, lo miraba y gesticulaba, como sólo ella - lo notó él en seguida - sabía hacerlo.

Entonces, al acabar, llegó el momento del abrazo, de ese tipo de abrazos que casi siempre tiene una mayor dimensión que una caricia o que el mejor de los besos.





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