jueves, 30 de marzo de 2017




AQUEL OTOÑO

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Un hombre sabio me dijo una tarde... Mira, hay tres clases de amores: Uno, el que continúa su curso sin importar el tiempo, cada vez más sereno y con menos pasión, pero cada vez más firme. Dos, aquel que se fue al garete por una estupidez, un malentendido o un exceso de orgullo. Y tres, el que quedó en el tiempo, semidormido, en la distancia, en la entrada del olvido pero sin querer nunca pasar.

De los tres solo este último está lleno de recuerdos, de grandes recuerdos, el de aquel otoño, ya sabes, el del tiempo indiano, el único que me gusta de todos los veranos.

Nunca fui tan feliz caminando por una playa. Con tu vestido blanco parecías una mujer de acuarela... de esas que se pintan con el pulso quieto y disparado de cualquier manera.

Me acuerdo muy bien que te dije... Iremos donde quieras, como y cuando tú quieras y nos seguiremos amando, incluso si nuestro amor muriera.

¿Dónde estás? ¿Qué haces ¿Me sigues viendo por allí alguna vez?





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