sábado, 4 de marzo de 2017




NO ME ENCONTRÓ TRABAJANDO

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Por eso doy gracias por no haber sido tan torpe como aquel escritor que esperaba sentado a que esa inspiración entrase por su ventana sin romperla ni mancharla, sin darse cuenta de que unos escalones más abajo, en la misma escalera de incendios, allí estaba ella cantando acompañándose de una guitarra.



A veces  una mirada, como la que luego dirige hacia arriba, tiene más fuerza que la de un trailer en carretera, cuando te lanza las largas.

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Sin embargo, en mi caso, la casualidad quiso que un día me cruzara contigo por Central Park. Y justo a la revuelta de un sendero, bajo un árbol allí te vi, esplendorosa, bellísima, tremenda y pensativa resguardándote del chaparrón que caía. 



A mí me bastó ese instante, ese momento para echar a correr hacia el piano nada más ver cómo tus ojos parpadeaban.

El resultado fue, ahora lo sabes, la más bella canción que yo haya compuesto nunca.

Por cierto, me apellido Mancini pero ella ahora me dice Quique.






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