lunes, 17 de abril de 2017




AQUELLA NOCHE EN KENIA 

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De repente, se oyó el sonido de esta bellísima música




Y escuchándola, a ella le encantaba aún más que le hablara con esa voz tan grave, mientras observaba su rostro iluminado por la fogata que él mismo avivaba moviendo sus brasas con un palo.

De vez en cuando, en las pequeñas pausas que tenía la conversación, ella escuchaba con atención el chisporroteo que hacía la leña al arder, aspirando su calor y su olor.



De pronto él le dijo que amando como siempre había amado su elegida soledad, tampoco era algo que en estos momentos le preocupara tanto. Ella le preguntó que cuál era la causa, y él le respondió que no acostumbraba a contestar lo que tan evidente parece.

Entonces ella, bajó la vista con tan leve sonrisa que solo se adivinó la de sus ojos, y él continuó atizando aquellas brasas con el palo, mirándola de vez en cuando. 


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