sábado, 22 de abril de 2017




UN BESO Y NADA MÁS

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Recordaba que siendo aún muy jóvenes, anochecía en ese banco de piedra que había en la Plaza de los Reyes junto a la Iglesia de San Francisco. Entonces ella le dijo:

- Bueno, un beso y nada más pero aquí no.
- ¿Entonces donde?
- En la Marina, pero mañana, hoy ya me tengo que ir.

¡Cuánto hubiera dado entonces no por un beso nada más, sino que me hubiera bastado con mirarla muy de cerca una y otra vez.

Sin embargo ahora, qué extrañas me parecieron todas esas frases y palabras. Yo que luego me bañé en playas de tantos colores, incluso en algunas llenas de verdosas algas y hasta con tiburones. 



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