jueves, 15 de junio de 2017



UN FLASHBACK DE ACERO Y DE FUEGO

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Fue una noche de esa época oscura que a algunos les dio por vivir, cuando me lo presentaron, se llamaba Enrique, tenía triste la mirada y se veía preocupadamente delgado. En su primer encuentro me quiso sonreír, fue muy amable, pero sus ojos ya vivían entonces del aire.

Pasados unos años me vino aquel encuentro de nuevo a la memoria cuando, abriendo un diario, leí que habían encontrado a un muchacho con la mirada de cristal, tirado en portal de la calle Espíritu Santo, del madrileño barrio de Malasaña, y en el brazo fuego... del que no tiene llama.
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Aunque tú no lo sepas, me inventaba tu nombre para charlar contigo, cuando el otoño llegaba y el verano se había ido. Aunque tú no lo entiendas, no ponía remite en el sobre, falseando la letra para que no lo supieras, e inventando mareas en playas que no existían para beberme despacio, el mar de todos tus labios.




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