jueves, 15 de junio de 2017



UN FLASHBACK DE ACERO Y FUEGO

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Fue una noche de aquella época oscura cuando se lo presentaron, tenía triste la mirada y se veía preocupadamente delgado. En su primer encuentro le quiso sonreír, fue muy amable pero sus ojos vivían entonces del aire.

Pasados unos años le vino aquel encuentro de nuevo a la mente, cuando abriendo un diario leyó, entre sus páginas, que habían encontrado a un muchacho con la mirada de cristal, tirado en el suelo de un portal de la calle Espíritu Santo, del barrio de Malasaña, y en el brazo fuego del que no tiene llama.

Aunque tú no lo sepas me inventaba tu nombre para charlar a solas contigo, cuando el otoño llegaba y el verano no se había ido. Aunque tú no lo entiendas nunca ponía el remite en aquel sobre, falseando la letra, porque no quería que tú lo supieras y porque me inventaba mareas en playas desiertas, para beberme despacio la mar de tus labios.





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