viernes, 21 de julio de 2017



APARECIÓ LA LLUVIA

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Esta mañana ha empezado a llover por aquí justo cuando pasaba ella por mi calle. Mira, he sentido tanta emoción que en seguida he ido corriendo a su encuentro para darle un abrazo. 

Pero al verme venir, me pareció que se inundaba tanto de alegría que hasta tiró su paraguas por los aires y echó a correr como una loca. Y esta es la hora en que aún no ha regresado.

¿A ver si se ha pensado que el loco era yo? 




La lluvia, al caer, siempre nos deja su ritmo, un ritmo inconfundible que incluso nos invita a bailar ¿a que sí, Kelly? Un ritmo divino que tiene que ver con la música pero mucho más contigo.



miércoles, 19 de julio de 2017




SUCEDIÓ UNA VEZ y SEGUIRÁ SUCEDIENDO

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Esta es  la historia de Clara, una niña que, rozando los catorce, bebía los vientos por un compañero de su hermano, que se llamaba Javier y andaba en los diecisiete años. 

Un viernes, finalizada la última clase, Clara salió escopeteada hacia su casa para ponerse unas medias, pintarse los ojos muy suaves para que no lo notara su madre, pero un poco más fuerte también, para que lo notase Javier. Sin uniforme, el busto simulado y con aquella falda que le gustaba tanto, Clara  se daba una vuelta por el Paseo para cruzarse con él antes de que muriera la tarde. Y se cruzaron.

- ¡Adiós, Clarita!

Pero ella apenas balbució un adiós porque esas timideces, aunque quisiera disimularlas, a la larga la delataban. Además... ¡qué poco le gustaba a ella eso de que la llamara Clarita!

Había llegado la primavera y la pregunta era ¿se fijará Javier en ella pero de una manera seria? Algunas veces cuando sabía que iba a ver a su hermano, lo esperaba a la hora fijada, entre el pasillo y su alcoba, para que cuando sonara el timbre fuese ella quien más cerca estuviera de la puerta.

- Hola, Clarita ¿está Jorge?
- No sé... voy a ver, pasa.
- Gracias, guapa.

Pero lo que más le fastidiaba a Clara no era que le dijese ese guapa tan cortés que nada le decía, sino los golpecitos que le daba en la cabeza como si acariciase una perrita. Entonces se iba al cuarto de baño, se examinaba ante el espejo y soñaba con lo que hubiera dado ella por tener la mitad de las tetas que tenía su hermana, aunque sólo fuera para salir los fines de semana.

Pero Javier y su hermano acabaron el Preuniversitario, pasó el verano y empezado el nuevo curso, camino de clase, Clara miraba hacia el puerto viendo cómo el transbordador salía por la bocana, hacia las aguas abiertas del Estrecho pero con Javier y su hermano dentro, camino ya de la Universidad ¡Y ella todavía en quinto de bachiller!

Ya sólo lo vería en vacaciones ¡qué tristeza! - pensaba saliendo de clase ese día - hasta que de pronto se le arregló un poco la vista. Y es que vio a Luís, el hermano pequeño de Javier, que era de su mismo curso. Le gustaba cruzarse con él, le era muy simpático y además se parecía mucho a Javier, se lo recordaba en todo, en sus gestos, en sus ojos y hasta en su manera de andar. Se cruzaron.

- ¡Adiós, Luisito!

Pero él apenas balbució un adiós porque esas timideces, aunque quisiera disimularlas, a la larga lo delataban. Además... ¡qué poco le gustaba eso de que le llamara Luisito!

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Y esta es la historia de la pescadilla que se muerde la cola y que, con el transcurso de tantos años, ya no se sabe donde empezó una y donde iba a terminar la otra. 

Sin embargo Clara, tumbada en su cama nada más llegar de clase, ya nunca olvidaría el momento en que aquel barco zarpó para cruzar el Estrecho, pero con su hermano y Javier dentro.
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"Yo, mi corazón, mis labios y mis brazos te echamos de menos, cada día desde que te fuiste" 

Era un trozo de la letra de la canción que le dijo una vez su hermano, que a Javier le gustaba tanto.

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Pincha en la flecha, después en Ve este vídeo en YouTube, ponte los cascos y amplía la pantalla que no se lo digo a nadie.







domingo, 16 de julio de 2017




MISCELÁNEA DE LA ALHAMBRA 


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Fue en el año 711 cuando los árabes saltaron de África a España con tanto empuje y decisión, que poco después dominaban casi todo el territorio español, si exceptuamos Covadonga en Asturias y algunos más. 

Sin embargo, con la lógica y el paso del tiempo, aquel dominio fue decreciendo hasta el punto de tener que volver grupas sus caballos y asentarse de forma más segura en las tierras de Andalucía, para muchos años después hacerlo en Granada, donde la dinastía nazarí situó su Cuartel General y su Corte. 

Este Reino Nazarí reconstruyó en la parte más alta de una colina su residencia. Residencia a la que le dieron el nombre de La Alhambra, es decir, La Roja, por el color que irradiaba todo el conjunto visto desde lejos. 

La Alhambra es una ciudadela-fortaleza formada por una sucesión de torres, palacetes, fuentes y jardines que, desde entonces no cesó nunca de reconstruirse pues la última construcción, la del Palacio de Carlos V, ya en manos cristianas, se empezó a edificar allá por el siglo XVI. Es esa gran edificación, medio tapada, que se ve en el centro de la fotografía.





Pues bien, finalizaba el siglo XIX, cuando el poeta y diplomático mexicano Francisco de Icaza - para los curiosos de la historia, era el padre de Sonsoles de Icaza, amante hasta las trancas de Serrano Súñer, y por tanto abuelo de Carmen Díez de Rivera, musa de la transición - conoció a una bellísima granadina, llamada Beatriz de León, de la que se enamoró perdidamente, pidiéndole entonces que le dejara contarle por las noches sus pestañas. En fin, son las cosas que a veces dicen y hacen  los poetas.

Beatriz accedió y un día, paseando ambos por unos arrayanes de La Alhambra, se encontraron con un ciego que pedía limosna. Entonces, inspirado D. Francisco de Icaza, recitó unos versos que, con el tiempo, se hicieron más que famosos en la ciudad de Granada:




Estrofa que como ven se instaló en los mismos muros de La Alhambra, al pie de la Torre de la Vela, la más famosa de sus torres.






La Alhambra te enamora nada más poner los ojos en ella. Eso sin haber olido aún su aire, ni escuchar sus fuentes brotando siquiera. 

Aquí me gustaría hacer mención también del Carmen de los Mártires, el mayor y más bello de toda Granada, ubicado dentro del recinto de La Alhambra con su precioso acueducto. Un carmen, para quien no tuvo oportunidad de saberlo, es una vivienda antigua granadina con jardines y huerto que formaba todo un conjunto.





Me gustaría ahora hablarles de algunos nombres que en justicia procede, y también de otros, estos más por casualidad que porque en verdad procediera.

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Salvador Bacarisse era un músico madrileño que, con su etérea sensibilidad, compuso esta bonita Romanza que ahora vamos a escuchar. Y la vamos a escuchar porque alguien tuvo el acierto de hacer este vídeo combinándola con los estupendos óleos de Julio Romero de Torres.

Este pintor cordobés supo como nadie, plasmar la intemporal y dura belleza de la mujer cordobesa. Ojos que te embrujan, desafiantes y negros, los más pintureros, escondidos y asomados entre naranjos y limoneros.



Francisco Tárrega fue el compositor de estos bellísimos Recuerdos, los de La Alhambra. Francisco Tárrega, castellonense de Villarreal, compuso estos Recuerdos como si en la misma Andalucía hubiera nacido. Recuerdos que algunos tenemos por ser allí donde hicimos el primer año de universidad entre el Zacatín y la Plaza de Bib-Rambla, Plaza Nueva, el Salón, la Alcaicería y donde vivían las manolas que era en la calle Elvira.




Recuerdos de subir por la Cuesta de Gomérez, con su agüita a los dos lados fluyendo clara y cantarina. Recuerdos de mañanas de domingo en las que tantas veces me acerqué. Recuerdos donde una vez me hubiera quedado, muy escondido otra vez, para robar unos besos detrás del atardecer. 

Y Francisco Sánchez Gómez, es decir, Paco de Lucía, el intérprete de estos Recuerdos, pero antes aclaremos su nombre. En aquellos años en los que los niños jugaban en la calle, como había tantos que tenían el mismo nombre, Manolo, Paco, Pepe... Para distinguirlos se decía el nombre del niño y a continuación el de la madre. Por eso a Francisco Sánchez Gómez le tocó ser Paco de Lucía, por tener su madre ese bonito nombre. Nombre que luego artísticamente usó como apellido, para pasearlo por todo el mundo.

Ahora sí, ahora ya va para vosotros esta preciosa composición de Tárrega con la guitarra de Paco de Lucía, mecida en sus cuerdas, esas seis gotas de ambrosía.  



Y finalizamos por hoy estos comentarios sobre Granada, recordando la composición más conocida de esta bella ciudad y que se debe a la inspiración del compositor mexicano, Agustín Lara.

Composición que Paco de Lucía interpreta a dúo con su hermano Ramón de Algeciras. Algeciras, la ciudad donde ambos nacieron.




miércoles, 12 de julio de 2017




ARIA PARA LA MADRUGADA

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Cuentan que cuando Haendel acabó de componer su ópera Rinaldo y le mostró a su amada su aria, le preguntó que qué le había parecido.

Entonces su amada, con la sensibilidad erizada por lo mucho que le había gustado, le dijo emocionada: Déjame que llore. 

A partir de entonces, Haendel, le cambió el título a su aria y pasó a llamarse, Lascia ch´io pianga, es decir, Déjame que llore.
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Bueno, la verdad es que este último párrafo me lo acabo de inventar pero... ¿a que no hubiera estado nada mal? De todas formas el aria conmueve, no así la viola y su calzador incluido. La voz de Hayley excelente.




sábado, 8 de julio de 2017




SIEMPRE NOS QUEDARÁ UN NOVIEMBRE 


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Fue en aquel Café, el de las tazas frías, destellando tu corto vestido, mi mano atrapó con suavidad tu pantorrilla. Luego nos fuimos por tu Madrid, borrachos y descalzos, el corazón desatado y tres caricias por encima de tus pies helados.






Me acuerdo de Marrakech, de su mercado y de aquel ensueño de hotel, el Marrakech misterioso, siempre de rojo, con el zoco pintiparado para dos corazones rotos.




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A veces los recuerdos, los parisinos, son navajas de acero o frases olvidadas en un viejo tintero. Recuerdos de sillas vacías en el bulevar de las hojas muertas de otro noviembre en París, sin nadie a quien mirar, ni nadie con quien discutir.











martes, 4 de julio de 2017




LA COMEDIA HA TERMINADO 

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Hay una obrita que se representa por ahí donde un payaso de cara empolvada, llamado Pierrot, se enamora locamente de Colombine, una lasciva casquivana que tenía tres días con pasado mañana. 

Un día, Colombine traiciona a Pierrot con el llamado Arlequín que, por lo visto, tenía posibles. Entonces cuando Pierrot los encuentra contándose las pestañas con tanta dedicación, se va hacia ella con la intención de reprenderla - pedernal, corindón o diamante - pero Columbine, sospechando el peligro que la acechaba, se levanta rápida y le dice al público... The carnaval is over.



Pues bien, cuéntase también que, hace ya mucho tiempo, llegó a los Carnavales de Cádiz una chica australiana llamada Judith Durham que se enamoró hasta las trancas, de un muchacho moreno de luna que la llevó en volandas.

Fue tanto su amor que, en la despedida, paseando una noche por la Caleta, ella le dijo que sus lágrimas eran mucho más que lluvia, que su corazón no paraba de latir sonando como si fuese un tambor, que sus besos eran tan dulces como el vino que tomaron, que las alegrías son fugaces como lo fue también el amor de Pierrot y Columbine pero que ella lo amaría, hasta que llegara el fin de sus días.

Ya llaman las luces del puerto, es el día de su despedida, ya nunca se volverán a ver. La playa se quedó en silencio y apenas si podía oírse el chasquido de las pequeñas olas. Y es que el Carnaval, como bien decía la canción, había también terminado.