domingo, 16 de julio de 2017




MISCELÁNEA DE LA ALHAMBRA 


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Fue en el año 711 cuando los árabes saltaron de África a España con tanto empuje y decisión, que poco después dominaban casi todo el territorio español, si exceptuamos Covadonga en Asturias y algunos más. 

Sin embargo, con la lógica y el paso del tiempo, aquel dominio fue decreciendo hasta el punto de tener que volver grupas sus caballos y asentarse de forma más segura en las tierras de Andalucía, para muchos años después hacerlo en Granada, donde la dinastía nazarí situó su Cuartel General y su Corte. 

Este Reino Nazarí reconstruyó en la parte más alta de una colina su residencia. Residencia a la que le dieron el nombre de La Alhambra, es decir, La Roja, por el color que irradiaba todo el conjunto visto desde lejos. 

La Alhambra es una ciudadela-fortaleza formada por una sucesión de torres, palacetes, fuentes y jardines que, desde entonces no cesó nunca de reconstruirse pues la última construcción, la del Palacio de Carlos V, ya en manos cristianas, se empezó a edificar allá por el siglo XVI. Es esa gran edificación, medio tapada, que se ve en el centro de la fotografía.





Pues bien, finalizaba el siglo XIX, cuando el poeta y diplomático mexicano Francisco de Icaza - para los curiosos de la historia, era el padre de Sonsoles de Icaza, amante hasta las trancas de Serrano Súñer, y por tanto abuelo de Carmen Díez de Rivera, musa de la transición - conoció a una bellísima granadina, llamada Beatriz de León, de la que se enamoró perdidamente, pidiéndole entonces que le dejara contarle por las noches sus pestañas. En fin, son las cosas que a veces dicen y hacen  los poetas.

Beatriz accedió y un día, paseando ambos por unos arrayanes de La Alhambra, se encontraron con un ciego que pedía limosna. Entonces, inspirado D. Francisco de Icaza, recitó unos versos que, con el tiempo, se hicieron más que famosos en la ciudad de Granada:




Estrofa que como ven se instaló en los mismos muros de La Alhambra, al pie de la Torre de la Vela, la más famosa de sus torres.






La Alhambra te enamora nada más poner los ojos en ella. Eso sin haber olido aún su aire, ni escuchar sus fuentes brotando siquiera. 

Aquí me gustaría hacer mención también del Carmen de los Mártires, el mayor y más bello de toda Granada, ubicado dentro del recinto de La Alhambra con su precioso acueducto. Un carmen, para quien no tuvo oportunidad de saberlo, es una vivienda antigua granadina con jardines y huerto que formaba todo un conjunto.





Me gustaría ahora hablarles de algunos nombres que en justicia procede, y también de otros, estos más por casualidad que porque en verdad procediera.

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Salvador Bacarisse era un músico madrileño que, con su etérea sensibilidad, compuso esta bonita Romanza que ahora vamos a escuchar. Y la vamos a escuchar porque alguien tuvo el acierto de hacer este vídeo combinándola con los estupendos óleos de Julio Romero de Torres.

Este pintor cordobés supo como nadie, plasmar la intemporal y dura belleza de la mujer cordobesa. Ojos que te embrujan, desafiantes y negros, los más pintureros, escondidos y asomados entre naranjos y limoneros.



Francisco Tárrega fue el compositor de estos bellísimos Recuerdos, los de La Alhambra. Francisco Tárrega, castellonense de Villarreal, compuso estos Recuerdos como si en la misma Andalucía hubiera nacido. Recuerdos que algunos tenemos por ser allí donde hicimos el primer año de universidad entre el Zacatín y la Plaza de Bib-Rambla, Plaza Nueva, el Salón, la Alcaicería y donde vivían las manolas que era en la calle Elvira.




Recuerdos de subir por la Cuesta de Gomérez, con su agüita a los dos lados fluyendo clara y cantarina. Recuerdos de mañanas de domingo en las que tantas veces me acerqué. Recuerdos donde una vez me hubiera quedado, muy escondido otra vez, para robar unos besos detrás del atardecer. 

Y Francisco Sánchez Gómez, es decir, Paco de Lucía, el intérprete de estos Recuerdos, pero antes aclaremos su nombre. En aquellos años en los que los niños jugaban en la calle, como había tantos que tenían el mismo nombre, Manolo, Paco, Pepe... Para distinguirlos se decía el nombre del niño y a continuación el de la madre. Por eso a Francisco Sánchez Gómez le tocó ser Paco de Lucía, por tener su madre ese bonito nombre. Nombre que luego artísticamente usó como apellido, para pasearlo por todo el mundo.

Ahora sí, ahora ya va para vosotros esta preciosa composición de Tárrega con la guitarra de Paco de Lucía, mecida en sus cuerdas, esas seis gotas de ambrosía.  



Y finalizamos por hoy estos comentarios sobre Granada, recordando la composición más conocida de esta bella ciudad y que se debe a la inspiración del compositor mexicano, Agustín Lara.

Composición que Paco de Lucía interpreta a dúo con su hermano Ramón de Algeciras. Algeciras, la ciudad donde ambos nacieron.




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