martes, 24 de septiembre de 2019

LA DANZA DE LAS HORAS DE TODOS LOS AÑOS

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Dentro de muy poco, no sé qué fin de semana será, pero otra vez a pasarnos la mañana del domingo poniendo los relojes en hora. Y otra vez lo mismo: Unos, que así se ahorra energía y otros, que sí pero que a costa de nuestro  bienestar interior. En fin, lo de las dos Españas de siempre.

Pero hablando de relojes ¿no os habéis dado cuenta de lo fácil que se adelantan o atrasan los analógicos, solo se gira la ruedecita y ya está. Sin embargo los digitales... la madre que los trajo al mundo, o el padre, que tampoco lo sé.


Por ejemplo, yo con el del horno tengo una relación de amor y odio que aún desconozco hasta donde nos puede llevar, porque eso de que pases el dedo por un icono y empiecen tres o cuatro más a parpadear como diciendo ¡yo también quiero, yo también quiero! vamos, como eso de culo veo, culo quiero, no lo acabo de asumir.


Bueno, pues resulta que después de todo este lío, unos científicos de no sé donde, nos han salido ahora diciendo que eso del ahorro es un cuento, que, nastideplasti - que diría un castizo - Pero vamos a ver ¿tampoco en esto nos vamos a poner de acuerdo cuando ya ha hablado el oráculo con dos horas de más que llevamos?
Sí, amigos, porque la otra la llevamos así desde 1940 cuando al innombrable se le ocurrió hermanarnos, pero horariamente ¡menos mal! con la Alemania de aquel del bigotito.


¡Menos mal! - me diré - ya están todos los relojes como deben estar, aunque el del horno se sigue resistiendo. Por cierto, acabo de pasar frente a él y me ha vuelto a guiñar ¿no será maricón, no?


Venga, pues pongamos al Ponchielli ese con lo de La Gioconda. Yo me pido a la que todos os imagináis, a la hora veinticinco, a Letizia, pero no a la nuestra, eh, sino a la Giuliani. Ya sé que algunas preferís al minutero, que me lo han dicho...

Ahora, venga, cascos, volumen y gran pantalla, que lo veréis y oiréis mucho mejor, de verdad.


lunes, 23 de septiembre de 2019


LLEGÓ EL OTOÑO CON SU VOZ RONCA

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Hoy ha aparecido. Lo he sentido nada más llegar la tarde con esa banda sonora de percusión, que lleva enredada entre sus nubes tableteando con tan bonito sonido, mientras unas cuantas gotas escapadas aporrean mi ventana. Es la estación del otoño, la de las hojas desgajadas que vuelan entre los árboles como pájaros de colores.  

La estación de la nostalgia y hasta dicen que de los poetas, tiempo de reflexión, de mirar por la ventana, acurrucarse con la persona amada, y ver cómo cae la lluvia con esa calma o ese arrebato que de vez en cuando le entra. Por cierto, tengo el paraguas dormido, tendré que ir a despertarlo.

Mientras tanto, me he puesto para acompañar a esa sinfonía de verdes, amarillos y pardos, esta preciosa banda sonora de los Ludlow  


CAMINANDO

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La había visto otras veces caminando por la playa o sentada junto al malecón cuando caía la tarde, preguntándose las olas que por qué olía tan bien el aire.
Hoy, muy cerca de la playa esperé su regreso y, venciendo ya la hora, preguntábase el aire que por qué bailaban tan bien las olas.


La vi venir de frente, misteriosa su mirada, alejarse su preciosa espalda, un corazón agitado y dos sonrisas en el alma.
El amor a primera vista ¿es el mejor de los amores? No es que sea de todos el mejor sino el único verdadero, dicen, aunque a veces se guarda eterno o hasta que pasa un poco de tiempo.
No quise saber su nombre porque además habría de inventarse pues no puede existir nombre en el mundo, que suene tanto a latido y música juntos.




LA VERDADERA HISTORIA DE SOR SONRISA

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Corría el año 1963 cuando el Presidente John F. Kennedy era asesinado en la ciudad de Dallas a manos de no se sabe quién... aunque me lo juren.



Pues bien, ese mismo año, en las listas Billboard de Usa, una canción comenzó a subir puestos hasta ponerse en el Top, superando incluso a Elvis y a los Beatles. La canción se hizo muy popular en todo el mundo, y se tituló Dominique, nique, nique. Bien, pues una monja llamada Jeanine, pero para el mundo musical Sor sonrisa, fue la autora e intérprete de esa canción. 

Jeanine había nacido en 1933 en una familia muy conservadora que notando ciertos comportamientos de la niña, según parece se hablaba de tocamientos torpes, decidieron cortar por lo sano y en un acto de inteligencia suprema, la metieron en un convento donde, como todos saben, allí eso de los tocamientos torpes... como que no.

Un día de ese 1963 y compuesta su canción, la Madre Superiora que era dominica y belga, pero no tonta, se puso en contacto con la discográfica Phillips para explotar aquel pelotazo que preveía. La superiora dio en la diana, repartiéndose entonces el botín entre la Orden y la discográfica.

Naturalmente Jeanine, no vio ni un franco y al protestar... la Madre Superiora le dijo:

- Pues no haber hecho el voto de pobreza, no te jode, esta.

Bueno, no sé si fueron exactamente esas las palabras pero es que yo traduzco muy mal del gabacho. Bien, pues aquello desembocó en una espiral en la cual Jeanine se salió del convento, se arremangó los hábitos, y se fue con su novia Annie tan ricamente
mientras la Hacienda belga le reclamaba unas regalías que ella, la pobre, nunca las había visto. Y como entre todos siguieron haciéndole la vida imposible, un día dijo

- ¡Bastaaaa! ¡zi me queréi… irze!

Pero como el Fisco y la Orden ya se sabe cómo son, no se fueron y siguieron haciéndole la puñeta, Jeanine se encerró una tarde con su novia Annie en la habitación y se pusieron hasta el culo (con perdón) de alcohol, barbitúricos y chupitas de carameloooooo.

Ella tenía entonces 51 años, y la Superiora menos vergüenza que el gato de una fonda. Esta fue su canción y su voz. Hay que joerse con el convento y lo que ocurrió allí dentro. 

Ah, y al Papá y a la Mamá, no te los dejes.


LA NOSTALGIA: ESA ÍNTIMA AMIGA

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Sin capacidad para recordar nunca podría existir la nostalgia, por eso no hay nada que mejor le venga a esa nostalgia que la buena memoria. Memoria tan estimulante como con la que llegamos a visionar hasta en tres dimensiones interiores, lo que no podríamos ver ni en una fotografía.


Así, escuchando con atención esta música, puede verse un pueblo encaramado en todo lo alto como un sombrero blanco de botones azules y ese mar brillante de luces, quizás también un olor, una bandera, una vieja campana, una palabra amiga y un rostro que no se olvida.


LADY O´CALLAGHAN. LA PIANISTA DEL CAFÉ DE ZHIVAGO
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A Lady O´Callaghan, mientras toca su piano, le agrada sentir cómo se sinceran con ella los que solitarios o atados de pies y manos por la incomprensión, le hablan con tan infinita franqueza.

Y es que el piano de Lady O´Callaghan es el confesionario de todos los que allí se acercan a contarle sus tristezas y ella les pone de penitencia un chupito de ron y media copa de ginebra.


A Lady O´Callaghan le encanta el Café de Zhivago pero también la soledad a ratos. Vive sola en una casa grande y es en ella cuanto se transforma y mejor se inspira cantando su canción preferida, la que una vez compuso ensamblando trozos de conversación de todo lo que de él había escuchado. Tumbada en el sofá, o sentada junto al piano, repinta el aire de recuerdos, de los recuerdos de aquel día en que, detrás de la madrugada, él le confesó que la quería como ella era.

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A Lady O´Callaghan le sienta muy bien ese pelo del color del cava cuando se pone a burbujear, sus ojos verdes como el de las esmeraldas en la mina y esa boca que esboza el encanto de la imperfección más seductora cuando sonríe, sueña o suspira.


Aún no llega al par de años cuando, camino de casa, una noche él le dijo…
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- Jamás intentes cambiar por hacerme sentir bien, ni te impongas una nueva moda, ni siquiera pienses poner otro color en tus cabellos porque siempre serás mi pasión silenciosa aunque a veces no te lo parezca. Tampoco pienses en que deberíamos tener conversaciones más profundas, porque lo que yo deseo es hablar contigo ¿acaso te lo tengo que decir de nuevo? Te quiero exactamente como tú eres.


domingo, 22 de septiembre de 2019


Dos catalanas y dos andaluzas: El violín, rojo, nació en Lérida, la mano en la cadera canta y es de Barcelona. La guitarra de colores en Sevilla y la blanca en Córdoba, un poquito más arriba.

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El día que tu me quieras
lo mismo que yo te quiero
dímelo mu despacito
porque deprisa me muero.