sábado, 24 de diciembre de 2016




SE ROBARON LAS FRASES

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Estas se las robó un amigo mío a una prima que tenía en Cuenca, sin que ella se diera cuenta, una plácida noche de luna mientras se miraban a los ojos con demasiada ternura. Aunque no sé yo si la ternura pueda ser alguna vez considerada como... demasiada.

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"Transcurrida esta larga etapa de mi vida, he aprendido que los amores pueden llegar por sorpresa y permanecer, aunque pueden también acabar lo que dura un atardecer. Además observé que grandes amigos pueden volverse grandes desconocidos y que, por el contrario, un desconocido puede convertirse en alguien más que inseparable conocido.

Me di cuenta a la vez que el "Nunca más" casi nunca se cumple, y que el "Para siempre" casi siempre termina. Que el que arriesga no pierde nada y el que no arriesga gana todavía menos que nada. 

También pude aprender que si te interesa una persona... ¡búscala, no te la dejes! porque mañana puede que en el amor ya seas un hereje. Noté que el sentir dolor es algo inevitable, pero sufrir... lo que se dice sufrir, si no eres demasiado imbécil, debes saber que es opcional. Pero sobre todas las cosas he aprendido que de nada sirve seguir negando lo que es tan evidente. Quizás para coger un poco de aire solamente, ese respirito".

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Pero entre aquel embeleso, mientras una frase le robaba, tampoco pudo él advertir la mano que ella siempre tuvo tan larga.

"Si hay algo que siempre me sobrecogió, fue el modo con que dos almas, que se saben gemelas, lo disimulan porque quieren guardar su secreto tanto, tanto... que lo guardan para ellas mismas" 

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Y termino diciendo que aunque a algunos les suene esta música como canción de uno de esos anuncios de dulces de Navidad, antes fue la Danza Eslava nº 2 de Antonin Dvorak. Por estas que es verdad.







jueves, 22 de diciembre de 2016




NAVEGANDO

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Atardecía cuando me invitó a dar una vuelta en su barquito.

- Pero, mujer, si yo no sé nada de marinería...
- Eso no importa, tú déjate llevar - me dijo - confía en mí, verás como hasta los colores te parecerán de otro confín.


Y me parecieron, y me dijo cosas que no imaginé ni que tampoco olvidaría. Recuerdo que la mar estaba preciosa, la brisa entre fresca y salada, y sus ojos me miraron quietos cuando el sol se desmayaba.

domingo, 18 de diciembre de 2016




LA CANCIÓN DE LA LUNA

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Aquel adolescente era tan enamoradizo que, a sus trece años, había tomado por costumbre listar las muchachas que más fervor le inspiraban, numerándolas del 5 al 1. 

Bueno, pues con los años se hizo mayor y, naturalmente, fue perdiendo esa costumbre de numerar a las muchachas, pero sustituyéndolas por otra clasificación aunque esta vez, no nos equivoquemos,  referida a la música. 

Sin ir más lejos, el otro día, mientras se afeitaba, me contó cómo estaba ahora la situación aunque solo me habló de la primera, de la que ocupaba en ese instante el número uno de sus preferidas, enredándosele en no sé qué parte de su cerebro o su alma, hasta que cuando otro día la volvió a oír, quedó de nuevo prendado.

Me dijo que era la Canción de la luna. Un aria de la ópera Rusalka de Antonín Dvorak. Entonces, yo me atreví a preguntarle...

- ¿Pero es la misma sensación que cuando..?
- Hombre, la misma... claro que, salvando las distancias y que a una solía encontrármela por alguna esquina o por una calle solitaria viéndola de lejos venir, a la otra, en cambio, solo me topaba con ella en las ondas, sin reconocerla al principio, pero luego al cabo de cinco o seis notas, totalmente y con gran dicha y emoción.

- Ayer - me dijo - para que te sirva como ejemplo, me la encontré no en ningún parque ni yendo camino del cole, sino saliendo de los mismos pulmones y garganta de la Netrebko en no sé qué medio.

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Excepcional escenario el del Teatro del Bosque al aire libre de Berlín. Nada debe reconfortar más a un director que los dos besos y el abrazo de la diva. Y encima, cuando él ya se retiraba, Anna le hizo un bis. A mí, se me hubiera caído la batuta al suelo. Vamos, como para morirse.





jueves, 15 de diciembre de 2016




ALOHA OE

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La palabra amor tiene su fuerza y misterio, en que no conoce fronteras, ni tiempo en el universo. Aparece cuando no te lo esperas y si lo esperas, te da la vuelta y entonces es él el que espera.

En Hawai, donde algunos creyeron que se hallaba la tierra prometida, mientras otros afirman que fue el lugar donde estuvo el paraíso, la palabra Aloha es un concepto mayor pues nada escapa a su embrujo. En esas tierras, la palabra Aloha todo lo absorbe pues no solo significa, Hola y Adiós o Aprecio y Amor, sino que además es una forma de vida, un modo de sentir y hasta de acoger a las almas gemelas a cuyo amparo acuden ellas.

Sucedió que una reina de esas tierras, hace ya muchos años, como no tenían guarderías que inaugurar ni museos que visitar, las tardes las dedicaba a pulsar su ukelele componiendo canciones. De esa forma compuso este Aloha Oe inspirándose en los amores que una hawaiana tuvo con un marino noruego cuyo barco había fondeado junto a las islas.

Como el poli bueno tiene su poli malo, el amor tiene también un compañero de nombre parecido y al que solo ve cuando él ya se ha ido. Esa tarde, la de la partida, la lluvia alejaba orgullosa las nubes de los acantilados llevándolas hacia la arboleda, mientras sonaba la más triste y hermosa canción de amor que jamás se oyó nunca en aquellas islas.






LA FELICIDAD

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Siempre pensé que la felicidad es como un rompecabezas de infinitas piezas que nunca llegan a ensamblarse porque, si por una de aquellas llegaran a hacerlo, se perdería la ilusión y chispa que pusimos con tanto empeño.

Creo que la felicidad no es algo que esté al final del camino, sino en cada una de sus vueltas y recodos, disfrazada además de las cosas más bellas. 

Como por ejemplo, aquella caricia que aún sigue permaneciendo en nosotros al recordarla, como ese abrazo que nos dieron la otra tarde aunque fuera por teléfono, como esa palabra que nos dijeron más azul que todo el que hay entre el cielo y el mar, y también la sonrisa de un hijo, la belleza de una tarde, el impactante paisaje o escuchar, por ejemplo, este allegretto de la Pastoral en su quinto movimiento.



miércoles, 14 de diciembre de 2016




SARABARAS

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Palíndroma de nombre y apellido, porque se le antoja y puede, por eso es más grande su arte que la luna que alumbra en su pasillo. Una chimenea en medio del salón porque le ha dicho el invierno que ya viene soplando un ciclón. Un ciclón que baila y se quiebra, y una silueta que sonríe y luego se pone seria. 

Repiquetean sus piececitos que hacen temblar las armónicas maderas, el pelo negro, estirado, la boca hermosa y unos ojos que intimidan cuando serios, como dos navajas, te miran.

Nacida en Cádiz con ese arte gaditano. La enseñó a bailar Concha Baras, su madre, que tocaba el piano y,  encima, profesora de baile. Para que luego digan que se necesitan las musas para crear tanto arte, cuando se sabe que solo hacen falta, una hija y una madre.