domingo, 8 de octubre de 2017




NO SÉ SI ATREVERME ¡HACE TANTO TIEMPO!



Atrever a decirte que es contigo con quien me gusta tomarme ese café. Ese café calentito cuando, minutos antes, te he visto por el ventanal caminando muy aprisa como si temieras llegar tarde a la cita. Me pareciste tan preciosa con tu gabardina, con el pelo revuelto por la ventolera y ese bolso que siempre llevas cruzado en bandolera...

Atrever a decirte que es contigo con quien prefiero charlar todos los días. Charlar hasta que la tarde se vaya, se enciendan las farolas y se libere de tus ojos esa tímida mirada.

Atrever a decirte que cuando al regresar me has cogido del brazo, he vuelto a notar ese escalofrío que hacía tanto tiempo que no sentía. Quizás porque desde entonces, se quedó enredado en el olvido de aquel amor que vivimos.

Atrever a decirte que ahora todo es diferente, aunque mi mano sobre tus hombros me siga pareciendo lo mejor de siempre. De siempre porque es ahora cuando más y mejor te quiero, sin prisas y sin atropellos ¿Ves cómo a decírtelo sí que ahora me atrevo? Y es que ninguno nos dimos cuenta de que nos quedaba por vivir, de todo, lo más bello.



    

jueves, 5 de octubre de 2017





A PUNTO ESTUVE DE MATAR UN DRAGÓN


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Nada más llegar a París, deshice la maleta en la habitación que había alquilado para acabar, de una vez, la novela que andaba escribiendo. Hacía esa agradable temperatura de ni frío ni calor, con que suelen deleitarnos los otoños. 

Una vez colgada la ropa en el armario, bajé al café de la esquina a tomarme un cortado. Nada más entrar, me sorprendió la figura de una bella mujer, elegantemente vestida de negro, y que charlaba con el camarero haciendo acopio de una gran simpatía. La miré como si le fuese a decir ¡hola! y a punto estuvo de contestarme como si en realidad se lo hubiera dicho.Igual se lo dije, esta memoria...

Por la tarde, mientras me estaba fumando un cigarrillo asomado al balcón, observé en el edificio de enfrente que en una de las ventanas, una mujer gesticulaba con las manos como si hablara o discutiera con alguien cuando de repente se puso a hipar y a llorar de puro desconsuelo. Me fijé un poco más y...¡pero si es la mujer del café!

Entonces me aparté de allí ocultándome tras las cortinas, pero extrañándome cómo una mujer, unas horas antes tan alegre, podía haber caído en semejante estado de tristeza en tan corto espacio de tiempo ¿Pero quién será la otra persona que desde aquí no la puedo ver? ¿es un hombre o sera otra mujer?

De pronto apareció un hombre en el centro de la habitación y ella se echó en sus brazos llorando desconsoladamente pero, sin embargo, él la repudió ¿Será  cretino? Pero lo peor no fue eso sino que sus hombros temblaban sin control hasta desembocar en más lloros.

Al día siguiente al bajar de nuevo al Café, en el rincón que hacía la barra al doblar, allí estaba otra vez ella pero ahora charlando animadamente con... ¡el individuo de las discusiones y los lloros! pero hablando  como si no hubiera ocurrido nada. En ese momento sentí deseos de implicarme en el problema y decirle cuatro cosas a aquel desgraciado, pero la voz del entendimiento me hizo ser muy comedido.

Volví a mirarla como si le dijera ¡Hola! ¿qué tal estás? y esta vez ella me sonrió haciendo un gesto como respondiendo a mi saludo. En seguida terminaron su bebida y se marcharon tomándola él por la cintura y saludando ella a todos los que en ese momento nos encontrábamos en el café, es decir, el camarero y yo.

- ¿Qué mujer tan agradable, no? - le dije
- Ya lo creo - me contestó - y de lo más alegre.
- Claro que a veces puede que la procesión vaya por dentro - quise cortar yo tanta euforia - De todas formas es bellísima ¿la conoce? ¿cómo se llama?
- Anda, pues claro que la nonozco ¿Es que no la ha reconocido? Es Danielle Durant, la actriz de teatro. Dentro de unos días estrena.
- Ah.






lunes, 2 de octubre de 2017

LA DISTANCIA Y LA PERSPECTIVA

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- Agáchate un poquito, anda.
- Pero si me acerco tanto, no podré verte bien.
- Pero me darás un besito.
- Pero no podré verte bien.
- Pero sentirás mis latidos.
- Pero no podré verte bien.
- ¡Pero si me ves todos los días!
- Pero es que esta tarde estás más que bonita.



miércoles, 30 de agosto de 2017



LA TERNURA
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Si alguna vez, los lingüistas de todo el mundo tuvieran que reunirse para definir la ternura, jamás llegarían a aproximarse, ni por asomo, a la que esta fotografía provoca.





martes, 29 de agosto de 2017

ESCUCHITAS DE UNA MUJER

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Fue ante una taza de café cuando, en una tarde desvaída, de árboles pelados y un viento por los callejones gritando, ella le dijo... 

- ¿Sabes? Si es ese el adiós, no habrá nunca nadie tan importante en mi vida como tú. Ya no importará que te odie, te eche de menos o te haya olvidado, pues siempre me quedará tu recuerdo. De nada valdrán las palabras, solamente el recuerdo. Ese recuerdo que ya nadie me podrá quitar, porque fuiste tú la única persona que hizo que yo sintiera que podía volar.

domingo, 20 de agosto de 2017




TAN JÓVENES

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Cuando aparecieron los primeros nubarrones de aquel tirarse al vacío de lo desconocido, creyeron darse cuenta de que el amor es tan bonito pero por lo jóvenes que eran entonces.

Sin embargo, sumidos ahora en el centro del ojo del huracán, maldecían esa especial sensatez que dicen que da la madurez, que da la experiencia, pero tan alejada del candor y lo espontáneo, ahora que notaban que la vida los separaba de cuajo.

Pero cuando pasó la tormenta, comprobaron que sus jóvenes sentimientos, sin ellos saberlo, habían deambulado juntos por esos mundos.  








SI ALGUNA VEZ VAS A LA FERIA DEL NORTE

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Hay que ver el follón que se armó, y en algunos reductos todavía se sigue armando, con lo de que a Robert Alman Zimmerman, le dieran el Premio Nobel de Literatura.

Pero... ¿tanta gente leyó su obra? ¿o solo se saben eso de que la respuesta viene soplando en el viento? Yo creo que algo de poesía sí que llevaría Bob Dylan en su alma cuando, lleno de admiración, hace ya muchos años, cambió su apellido por el nombre del poeta Dylan Thomas, un galés que manejaba sus versos con palabras que rebotaban unas con otras, agrestes y ásperas, pero diferentes a todo lo que hasta ese momento había leído. Creo que eso fue lo que le cautivó.

A Dylan Thomas el éxito le llegó en vida apreciándolo en las pausas que el alcohol le permitía para imaginar y explayarse. Hasta que un día, a los 39 años, llamó a su puerta un delírium trémens que lo cogió de la mano y se lo llevó para nunca más volver.

Hoy a la gente le extraña que al admirador de Dylan Thomas le hayan dado un premio ¿Pero es que acaso Dylan no canta mejor que cantaba Dylan? Pues hay quien dice que no, que a Thomas había que escucharlo cuando iba a tomarse, allá en su Gales natal, unas pintas de cerveza en los tabernacos del puerto.

Un día, leyendo uno de sus poemas, le vino una idea para escribir una canción.