viernes, 9 de febrero de 2018

UN VIAJE COMO NO HUBO OTRO

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Habíamos llegado a aquella ciudad rendidos por los muchos kilómetros recorridos en tan largo viaje. Así que, instalados por fin en el hotel, nos fuimos directamente a dormir.

Pero cuando ella hizo ademán de acunarse en mis brazos, le dije que no, que esta vez sería yo el que me acunaría en los suyos. Así que como un niño me fui quedando dormido, mientras notaba el placer y el celo con que ella me acariciaba el pelo.

A la mañana siguiente después de ducharme, observé que aún seguía durmiendo ¡Estaba tan bonita...! que hubiera sido una torpeza despertarla. Así que me vestí y me fui a dar un paseo. Siempre me gustó mucho aquella ciudad con su gran plaza cuadrada y sus viejos soportales de piedra.

Como lloviznaba un poco, caminé bajo ellos admirando el sinfín de cosas bonitas que en esa ciudad había, aunque siendo muy consciente, de que la más preciosa de todas era mi bella durmiente.


jueves, 8 de febrero de 2018



LLEGÓ LA LLUVIA

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Por fin ha empezado a llover esta tarde. Lo ha hecho suavemente, como si le estuviera pidiendo permiso a la gente, sin saber que el mío ya lo tiene de siempre.

La estoy viendo caer con dulzura, lloriqueando como esas lágrimas que de pronto aparecen y tanto gusta quitar con el dorso de los dedos sobre sus mejillas. Cae muy lentamente sobre la marquesina del amplio ventanal del Café de Zhivago donde ahora me encuentro.

Ha sido una sorpresa muy agradable, no me la esperaba, como tampoco se esperan esos grandes amores que surgen de pronto, de sopetón, una sonrisa, un gesto, otra mirada cuando más desprevenido está uno y por ende con las defensas bajas. Lo digo porque hoy no me traje el paraguas.

No me gusta escribir en los Cafés, me parece que es como un acto de incómoda pretensión, me agrada más darle un sorbo a la taza, mirar por la ventana, pensar y, si se me ocurre algo, tomar un apunte, una idea, pero nada más, para luego desarrollarla en casa.

¡Cómo me gusta esa mujer, la que está sentada allí en frente, junto al otro ventanal! Tiene las piernas cruzadas de forma muy elegante. En eso, como en casi todo, también hay que tener su poquito de clase. Está mirando hacia afuera ¿Le gustará la lluvia? ¿pero tanto como a mí?

Calla insensato. Me gusta su vestido azul, le hace juego con sus ojos ¿Estará esperando a alguien? No parece ¿Y eso cómo lo sabes? - me pregunto - Pues porque... ¿Porque qué? Pues... porque eso se nota en seguida. Estaría quizás más inquieta, habría mirado alguna vez el reloj, o dado algunos golpecitos sobre la mesa... pero nada de eso sucede, todo lo que irradia es serenidad y dulzura.

Veo que tampoco lleva paraguas. Acabamos de cruzarnos las miradas ¿será casualidad? Por mi parte desde luego que no lo ha sido, pero ahora que se han cruzado voy a moderarme un poco, tampoco quiero ser tan impulsivo ¿Qué es lo que pensará nada más cruzar la mirada con alguien que sabe que la estaba mirando? Me gustaría saberlo.

¿Y a este qué le pasa ? ¿qué es lo que mira con tan mal disimulada insistencia? ¿le habré gustado? porque es la segunda vez que lo pillo, la primera fue por el espejo que hay en la columna. Se ha sacado una especie de agenda y ha apuntado algo? ¿Será un detective privado? ¡Qué emoción! Jajajajaja... Voy a hacer una cosa, lo voy a mirar fijamente y cuando me mire, me levanto y me voy hacia él, a ver cómo reacciona. Jajajaja Si yo me atreviera... No te atreverás ¿que no? Va, que me atrevo.

¡Joder! Se ha levantado y viene hacia mí, me mira fijamente... ¿Y si me pregunta que qué miro? No, no creo que se atreva.

- Por favor ¿Me pasas el periódico ése de ahí?
- ¿El períod... ah sí, por supuesto, toma.

¿Pero has visto cómo se ha girado para volver a su mesa? Esta tía tiene pero que mucho encanto ¿Y si la invito a tomar algo por ahí? A ver si va a resultar como la canción de Javier Krahe que nada más invitarla aparece a quien espera y... yo allí con mi invitación como un gilipooooollas, madre. Va, que sea lo que Dios quiera. Muertos por mil, muertos por mil quinientos.

- Hola ¿sabes que sigue lloviendo?
- Ya veo - dijo con una sonrisa como para desatar las más estremecedoras tempestades.
- Te lo digo porque si vamos a tomar algo por ahí, nos vamos a poner como una sopa ¿O tú prefieres que nos tomemos otro café aquí a ver si escampa?
- Pues no me dejas alternativa - otra vez esa sonrisa - Vale, me parece bien, tomamos algo aquí, charlamos un poco y esperamos a que escampe.

Después del segundo café íbamos a repetir cuando dejó de llover, unas gotas como corcheas, semifusas y todas esas cosas, brillaban en el pentagrama de los cables eléctricos que pasaban por la placita donde se hallaba el Café de Zhivago. Habíamos charlado por los codos y de repente, cuando salíamos del Café y la ayudaba a ponerse la gabardina, me pareció como si la conociera de toda la vida.

El aire era fresquito pero agradable, las aceras brillaban reflejando las farolas del parque y entonces, yendo los dos al paso, la miré muy fijamente y ella me correspondió pensando yo entonces... Otra vez la mirada de antes.



jueves, 26 de octubre de 2017



AÚN NO SABÍA SI ERA EL ADIÓS

Una tarde, ante dos tazas de café, ella me dijo entre triste y apenada.

- ¿Sabes? Nunca habrá una persona tan importante en mi vida como aquella que me hizo sentir que podía volar. Por eso ahora no me importa que la pueda odiar, que me sea indiferente o que la eche de menos porque lo que queda en mí es su recuerdo.

Solo y nada menos que eso, de nada valen las palabras, solamente el recuerdo porque eso ya nadie jamás me lo podrá quitar.








domingo, 8 de octubre de 2017




NO SÉ SI ATREVERME 



Atreverme a decir que es contigo con quien me apetece tomarme ese café. Ese café calentito cuando, minutos antes, te he visto por el ventanal caminando muy aprisa como si temieras llegar tarde a nuestra cita. Me pareciste tan preciosa con tu gabardina, con el pelo revuelto por la ventolera y ese bolso que siempre llevas cruzado como te da la gana, de cualquier manera.

Atreverme a decir que es contigo con quien prefiero charlar todos los días. Charlar hasta que la tarde se vaya, se enciendan las farolas y se libere de tus ojos esa preciosa mirada.

Atreverme a decir que cuando al regresar me has cogido del brazo, he vuelto a notar ese escalofrío que hacía tiempo que no había sentido. Quizás porque desde entonces, se quedó enredado en el olvido de aquel amor que vivimos.

Atreverme a decir que es ahora todo diferente, aunque mi mano sobre tu vientre me siga pareciendo lo mejor de siempre. De siempre porque es ahora cuando más y mejor te recuerdo, sin prisas y sin atropellos ¿Ves cómo a decírtelo ahora sí que me atrevo? Y es que ninguno nos dimos cuenta de que nos quedaba por vivir, de todo, lo más bello.



    

jueves, 5 de octubre de 2017





A PUNTO ESTUVE DE MATAR UN DRAGÓN


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Nada más llegar a París, deshice la maleta en la habitación que había alquilado para acabar, de una vez, la novela que andaba escribiendo. Hacía esa agradable temperatura de ni frío ni calor, con que suelen deleitarnos los otoños. 

Una vez colgada la ropa en el armario, bajé al café de la esquina a tomarme un cortado. Nada más entrar, me sorprendió la figura de una bella mujer, elegantemente vestida de negro, y que charlaba con el camarero haciendo acopio de una gran simpatía. La miré como si le fuese a decir ¡hola! y a punto estuvo de contestarme como si en realidad se lo hubiera dicho.Igual se lo dije, esta memoria...

Por la tarde, mientras me estaba fumando un cigarrillo asomado al balcón, observé en el edificio de enfrente que en una de las ventanas, una mujer gesticulaba con las manos como si hablara o discutiera con alguien cuando de repente se puso a hipar y a llorar de puro desconsuelo. Me fijé un poco más y...¡pero si es la mujer del café!

Entonces me aparté de allí ocultándome tras las cortinas, pero extrañándome cómo una mujer, unas horas antes tan alegre, podía haber caído en semejante estado de tristeza en tan corto espacio de tiempo ¿Pero quién será la otra persona que desde aquí no la puedo ver? ¿es un hombre o sera otra mujer?

De pronto apareció un hombre en el centro de la habitación y ella se echó en sus brazos llorando desconsoladamente pero, sin embargo, él la repudió ¿Será  cretino? Pero lo peor no fue eso sino que sus hombros temblaban sin control hasta desembocar en más lloros.

Al día siguiente al bajar de nuevo al Café, en el rincón que hacía la barra al doblar, allí estaba otra vez ella pero ahora charlando animadamente con... ¡el individuo de las discusiones y los lloros! pero hablando  como si no hubiera ocurrido nada. En ese momento sentí deseos de implicarme en el problema y decirle cuatro cosas a aquel desgraciado, pero la voz del entendimiento me hizo ser muy comedido.

Volví a mirarla como si le dijera ¡Hola! ¿qué tal estás? y esta vez ella me sonrió haciendo un gesto como respondiendo a mi saludo. En seguida terminaron su bebida y se marcharon tomándola él por la cintura y saludando ella a todos los que en ese momento nos encontrábamos en el café, es decir, el camarero y yo.

- ¿Qué mujer tan agradable, no? - le dije
- Ya lo creo - me contestó - y de lo más alegre.
- Claro que a veces puede que la procesión vaya por dentro - quise cortar yo tanta euforia - De todas formas es bellísima ¿la conoce? ¿cómo se llama?
- Anda, pues claro que la nonozco ¿Es que no la ha reconocido? Es Danielle Durant, la actriz de teatro. Dentro de unos días estrena.
- Ah.






lunes, 2 de octubre de 2017

LA DISTANCIA Y LA PERSPECTIVA

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- Agáchate un poquito, anda.
- Pero si me acerco tanto, no podré verte bien.
- Pero me darás un besito.
- Pero no podré verte bien.
- Pero sentirás mis latidos.
- Pero no podré verte bien.
- ¡Pero si me ves todos los días!
- Pero es que esta tarde estás más que bonita.



miércoles, 30 de agosto de 2017



LA TERNURA
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Si alguna vez, los lingüistas de todo el mundo tuvieran que reunirse para definir la ternura, jamás llegarían a aproximarse, ni por asomo, a la que esta fotografía provoca.