lunes, 30 de enero de 2017




¿PUENTES O MUROS?

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- Oiga... ¿y a usted qué le gustan más, los puentes o los muros?
- ¿Pero se refiere a los muros del feisbul o a los muros reales?
- A los reales, naturalmente, a los reales, no se me vaya por la tangente ¿o es que no lee la prensa?
- Ya... pues entonces los puentes, pero sobre todo cuando sábado y domingo caen al principio o al final.
- Desde luego que cuando se quiere poner difícil... no hay quien pueda con usted.
- ¿Con quién, conmigo...?


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Pero vamos a ver ¿quién coño se habrá creído esta Europa qué es para criticar tanto? Como si los demás no pudiéramos tener también nuestro murito, lo que pasa es que ellos ya lo derribaron porque no tuvieron los santos que hay que tener para mantenerlo aunque... ahora parece que vuelven a las andadas, pero además  sin usar prácticamente nada de ladrillos y menos aún de cemento - parece ser que ha declarado Donald Trump, murmurando para sí mientras se rascaba la cabeza con mucho cuidado, no sea que se fuese a desbaratar esa amarillenta y preciosa tortillita de camarones que tiene en lo alto de su almendra.

O sea, que como esto siga así, lo de Mexico way, como no sea en canciones...



jueves, 26 de enero de 2017




ME ACUERDO QUE FUE EN INVIERNO

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Aquel invierno en Madrid fue bastante crudo, pero a mí me agradaba más que otra cosa salir a la calle contigo, con mi mano sobre tu hombro aunque se me helara de frío. 

Luego, después de un corto paseo, entrábamos en el Café Comercial, el de la Glorieta de Bilbao, y ocupábamos la mesa de siempre, la de la ventana desde donde veíamos a la gente colarse en la boca del Metro. Eran otros tiempos ¿verdad? Sí, yo no sé por qué, pero siempre andamos con los otros tiempos, como ahora yo mismo hago.

Hace apenas unas semanas pasé por allí y permanece más o menos igual, con su excelente olor a café desperdigándose por el local. Y es que ¡cuánto reconforta ese aroma cuando se entra tiritando de frío en un Café como ése! ¿verdad?


En los veladores, algunos leían el periódico pasando las hojas tranquilamente, después de darle un buen chupetón al pulgar aunque esa vez no hiciera ni falta, pero era el ritual. Al fondo, junto a la ventana, allí seguía nuestra mesa pero estaba ocupada. 

Me senté frente a ella y lo primero que me vino a la mente fue imaginar, con lo que allí habíamos largado encima mismo de sus orejas, si acaso no se le habría ocurrido irse alguna vez de la lengua por muy discreta que entonces fueran las mesas.

Imagen relacionada

Quién sabe si estuvo con los oídos prestos la tarde aquella en que te dije, de lado a lado y mirándote a los ojos, que cada vez me gustaba más dormir contigo.

No sabes cómo sigo recordando aquellos días vividos en nuestra habitación: Tú, tan morena bajo aquel edredón tan blanco, yo sin pijamería, porque los había mandado todos a la lavandería, y teniendo tú por vestidito, solamente ese de chanel que tenía un número cinco, porque para eso había en la misma esquina una perfumería, donde tú lo comprabas y luego yo te lo ponía.

Bueno, pues estuve un rato allí y luego me fui, aunque sí quiero decirte que me sigo acordando mucho de ti. El barrio ha cambiado lo suyo ¿sabes? casi todos los comercios ya ni existen, pero la perfumería, ésa que tenía una letra del revés, la de abajo mismo ¡es magnífico! sigue vendiendo tu perfume francés, el de la Casa Chanel, el del número cinco.




jueves, 19 de enero de 2017




EL BÚHO NO RECUERDA MUY BIEN EL TEXTO 

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La mujer que yo quiero hace tanto tiempo
que no va por un templo, que no necesita
bañarse vestida en un jacuzzi de agua bendita.

Es verdad que tiene algunos defectos
pero los compensan su risa y sus ojos.

La mujer que yo quiero no necesita margaritas para deshojar
pues le envié un trozo de alma con lazo y papel de celofán.

La mujer que yo quiero, es de la maldad el anverso
decidida, cariñosa y algo más que embeleso
pues la mujer que yo quiero son tres Quijotes en verso.

La mujer que yo quiero, me ató a su almohada
para que soñara despierto, junto a su boca encarnada
en un mar encendido de silencios de madrugada.

La mujer que yo quiero es nada más y menos que eso
la caricia, sus latidos y el mejor de los regresos.

Esa es la mujer que yo quiero.





CAMINANDO

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La había visto otras veces caminando por la playa o sentada junto al malecón cuando caía la tarde, preguntándose las olas que por qué olía tan bien el aire.

Hoy, muy cerca de la playa, esperé su regreso y, venciendo ya la hora, preguntábase el aire que por qué bailaban tan bien las olas.

La vi venir de frente, misteriosa su mirada, alejarse su preciosa espalda, un corazón agitado y dos sonrisas en el alma.

El amor a primera vista ¿es el mejor de los amores? No es que sea de todos el mejor sino el único verdadero, dicen, aunque a veces se guarda eterno o hasta que pasa un poco de tiempo.

No quise saber su nombre porque además habría de inventarse pues no puede existir nombre en el mundo, que suene tanto a latido y a música juntos.


sábado, 7 de enero de 2017




JUGANDO CON LAS PALABRAS 

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Él le dijo que la amaría siempre, pero que la querría mucho más si alguna vez viviesen en ciudades alejadas.

- ¿Pues entonces casi es mejor que tú te vayas a vivir a la provincia de Gerona, y yo a la isla de Hierro o viceversa ¿no te parece? - le dijo ella.

Y él  contestó

- Ya... pero bueno, tampoco es tan necesario que nos querramos tanto ¿no crees?
- ¡Pero qué poca vergüenza tienes! - le respondió ella - Entonces... ¿hasta donde me quieres ahora?
- Mira, hasta esa calle sin salida que tiene una sola puerta donde el amor se refresca y da siempre la vuelta porque... más allá no hay nada y además esa puerta estará siempre cerrada.








viernes, 6 de enero de 2017




VOLVER

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Volver, que en el caso del pueblo que te vio nacer, es ese verbo que dice tanto y cuanto y que su mayor dimensión la alcanza cuando el tiempo se va estirando, estirando... que lo de los veinte años no es nada, que febril la mirada, es solo una verdad sincera o una pura quimera.

Porque hubo quien no pudo aguantar ni un año, y a otro, sin embargo, eso de volver tan pronto le resultaba extraño. Hasta que volvieron a pasar más años y se dio cuenta de que había cambiado todo tanto... que su esperanza se ilusionaba solo y a lo lejos, en reencontrarse un día con sus recuerdos.

Rondando los cincuenta de ausencia, él trataba de adivinar el parpadeo de las luces de la bahía que antes eran pocas y hoy serían demasiadas. También las hijas de la bocana, Alfau, la de los ojos grana, Puntilla, de los ojos verdes... que te quiero, que te quiero verde.

¡Oh de aquellas luces que alumbraron su juventud y adolescencia, entre soplos salados de besos robados, entre el Puerto, el Cristo o el Jardín de los Enamorados.

Tampoco creo que él tuviera miedo del reencuentro que le apetece más que nada, aunque de lo que sí tiene miedo es de que ese reencuentro no se produzca con algunos en vivo, por haber muchos de ellos desaparecido.

Volver con la frente marchita pero tan llena de recuerdos que le daba igual que le platearan o doraran sus sienes, pues su mirada errante la buscaría entre las sombras de aquella calle que rondaba, por mucho que esas estrellas desmemoriadas ya no se acuerden de nada.



domingo, 1 de enero de 2017




UN PASEO ANTES DE DESAYUNAR

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A ella le encantaba pintar mientras él se sentía más que a gusto escribiendo. Uno y otra en la misma habitación, aunque cada cual a su tarea y en su rincón. Ella prefería el que estaba más cerca de la ventana porque había más luz para pintar, él donde no había demasiada, porque con la que despedía la pantalla, bastaba.

Él siempre creyó ver algo de literatura en sus cuadros, sin embargo ella, pardo, azul y amarillo en muchos de sus escritos. 

Algunas mañanas en las que no estaban por la labor de escribir o ponerse a pintar, les gustaba ir a dar un paseo por la playa. Les agradaba pasear con los pies desnudos y hacerlo temprano, a veces cogidos de la mano y otras... él se separaba un trechito, poniéndose detrás porque le gustaba ver cómo se movía al andar.



Una mañana paseando él le dijo

- Esta playa te debe tanto...
- ¿Por?
- Pues porque te ha copiado y robado la belleza que con tu imaginación has pintado ya tantas veces.
- Cómo eres.
- ¿Yo?
- Sí, tú, pues porque siempre tienes dispuesta la palabra, en cambio yo...
- ¿En cambio tú qué?
- Pues que estoy en desventaja.
- ¿Y eso?
- Pues porque me gustaría decirte como haces tú de repente, en cambio yo con pinceles y toques pardos y verdes, las cosas que se me ocurren, a saber cuando puedo decírtelas, y claro...

Entonces siguieron paseando y charlando tan bajo, tan bajo que ni las mismas olas, con las orejas puestas, pudieron saber nada de sus sentimientos, pues seguro que pecarían de indiscretas. 

Sólo un pajarito, que se acercó hasta la orilla de brinquito en brinquito, pudo oír una parte de la conversación que ambos sostuvieron. Esperemos que por lo bella y bonita que fue, no se vaya del pico el pajarito esta vez.

Cuando regresaron y entraron en la habitación, ella le dijo

- ¿Sabes?
- Dime.
- Que si no hubieras existido yo te habría pintado. Seguro, ni lo dudes.
- Tomo nota - le respondió él.

Y entonces, mirándose, se sonrieron, pero aún no se sabe quién... quién empezó primero.

- ¿Te preparo un café?
- Bueno, pero después del abrazo. Anda, ven.